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Dónde tapear en Alicante: guía de picoteo por la provincia

En breve: Tapear en Alicante no es como en Andalucía: la tapa casi nunca es gratis y lo habitual es pagar por cada plato. Esta guía reúne los bocados propios de la provincia -salazones, coca amb tonyina, pericana, peladillas- y los pueblos donde probarlos.

Tapear en la provincia de Alicante no funciona como en Andalucía: aquí no es costumbre que la copa venga con una tapa incluida, y lo normal es pagar por cada plato que se pide en la barra. Lo que sí tiene esta costa es una cultura propia de picoteo, construida sobre salazones, cocas saladas y guisos de cuchara que llegan del interior, con el vermut de media mañana como un ritual tan arraigado como la propia tapa. Esta guía explica qué pedir y dónde, sin dar por hecho que el visitante conoce ya los nombres.

El almuerzo, la media mañana que sí es un ritual

Antes de hablar de tapas hay que entender el almuerzo, la costumbre que de verdad marca el día en esta provincia: una parada a media mañana, entre el desayuno y la comida, en la que se pide un bocadillo o un plato pequeño para picar, casi siempre acompañado de un vino o una cerveza. No es una tapa nocturna de bar; es un hábito de trabajadores y jubilados por igual, y explica por qué muchos bares de barrio están más llenos a media mañana que a la hora de comer. Unas aceitunas, un puñado de almendras o un platito de anchoas suelen aparecer junto a la bebida sin pedirlos, aunque el plato principal se cobre aparte. Un visitante que solo busca "tapas" por la tarde-noche se pierde la mitad de la costumbre local.

Salazones y coca amb tonyina: lo que se pide en la barra

El salazón es la base del aperitivo alicantino: mojama de atún, hueva prensada y anchoas curadas a mano, servidas en tabla fina con un chorro de aceite. En Alicante capital, el puesto de Salazones Juanelo, dentro del Mercado Central de Alicante, lleva más de tres décadas trabajando el pescado en salazón con el método tradicional: se sala, se prensa y se deja secar, sin curados rápidos. Es la referencia si el plan es comprar salazón para picar en casa o simplemente ver cómo se corta la mojama.

Otro bocado habitual en las mesas de picoteo, aunque asociado a una fecha muy concreta, es la coca amb tonyina: una empanada fina de atún o melva, cebolla pochada, piñones y matalahúva, típica de la noche en que se plantan los monumentos de las Fogueres de Sant Joan en Alicante, a finales de junio. Fuera de esas fechas, algunas panaderías y hornos de la capital la mantienen en el mostrador durante buena parte del año como un dulce salado más, vendida por porciones y no como tapa de bar.

Pericana, peladillas y el vermut del interior

La cocina de picoteo cambia de acento en cuanto se sube hacia el interior de la provincia, lejos de cualquier plato ligado al mar. En Alcoi, la pericana resuelve con tres ingredientes —pimientos secos, bacalao desalado y ajo, majados con aceite de oliva— lo que en la costa se resuelve con pescado fresco: una pasta que se unta sobre pan tostado y se sirve siempre fría, nunca caliente. El mismo pueblo dio nombre a las peladillas de Alcoy, la almendra recubierta de una capa dura de azúcar que durante generaciones cerraba cualquier celebración; hoy quedan pocos obradores que las elaboren de forma artesanal, pero siguen siendo el dulce que acompaña un café al final de una ronda de picoteo, más que algo que se pida a media tarde.

Para el vermut, Villena tiene su propia referencia: Bodega Las Virtudes, una cooperativa fundada en 1961 por viticultores del pueblo que sigue trabajando la uva monastrell autóctona y es una de las pocas bodegas autorizadas para elaborar Fondillón, el vino dulce y añejo con siglos de historia en esta provincia. Pedir un Fondillón en vez del vermut habitual es una forma discreta de mostrar que se conoce tanto el vino del interior como el pescado de la costa.

Cuando el picoteo se convierte en plato: guisos marineros

No todo lo que se pide para compartir es una tapa en sentido estricto; algunos platos de la costa son ya un plato completo, aunque se sirvan en el centro de la mesa para que todos alcancen. En La Vila Joiosa, la borreta de melva —un guiso de pescado, patata y cebolla— resume la cocina de pescadores del pueblo, construida sobre lo que traía la flota cada jornada y no sobre lo que aguanta bien un traslado. Para probarla donde tiene sentido probarla, Hogar del Pescador lleva más de cinco décadas junto al club náutico del pueblo, comprando el género a diario en la lonja local en vez de a un mayorista.

Dónde tapear en la capital

Si el punto de partida es Alicante ciudad, el recorrido más cómodo empieza en el Mercado Central, para ver los puestos de salazón y pescado antes de que cierren, y sube después hacia el Barrio de Santa Cruz, donde las calles estrechas bajo el castillo concentran buena parte de los bares de la ciudad vieja, una terraza detrás de otra en las mismas pocas manzanas. Es un paseo corto, a pie, que no exige planificación: se entra en el bar que tenga sitio en la barra y se pide por rondas pequeñas en vez de un plato grande.

Preguntas frecuentes

¿En Alicante la tapa viene gratis con la bebida?

No como norma general: a diferencia de otras zonas de España, lo habitual en esta provincia es pagar por cada plato que se pide, aunque algunos bares de barrio ofrecen un picoteo pequeño junto con la consumición.

¿Qué es el almuerzo alicantino?

Una parada de media mañana entre el desayuno y la comida, con un bocadillo o un plato pequeño y una bebida; es una costumbre distinta de la tapa nocturna y muy arraigada entre los trabajadores de la zona.

¿Dónde se prueban las salazones alicantinas?

El Mercado Central de Alicante tiene puestos especializados como Salazones Juanelo, donde se puede comprar mojama, hueva y anchoas curadas para picar en casa.

¿Qué es la pericana y cómo se sirve?

Una pasta de pimientos secos, bacalao desalado y ajo majados con aceite de oliva, típica del interior de la provincia; se sirve fría o a temperatura ambiente sobre pan tostado.

¿Hay una zona concreta para tapear en Alicante capital?

El Barrio de Santa Cruz, bajo el castillo de Santa Bárbara, concentra buena parte de los bares de la ciudad vieja y se recorre fácilmente a pie desde el Mercado Central.

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